EMMA.
—¿Quieres ir a casa? —alcé la mirada hacia Noah, que estaba de pie frente a mí en el pasillo del juzgado, mientras la gente iba y venía.
Tenía cierto temblor en mi pecho, y aunque hoy por supuesto no iban a dar el veredicto final, yo ya sabía el resultado de este.
Afirmé hacia Noah, pero fue imposible que mis ojos se desviaran de lugar cuando mi madre se plantó a nuestro lado.
—Nunca quise hacerte daño… —Noah se giró al instante, como si el golpe, lo estuviese recibiendo él y la miró de a