No podía creer lo que escuchaba. Era demasiado ilógico y estúpido. ¿Por qué el destino, la vida o lo que fuera, me ponía ese tipo de pruebas? Por otro lado, era su esposo. ¿Cómo podía siquiera pensar en una maldita reunión? El silencio se alargó mientras procesaba lo que Vanessa me estaba pidiendo. Me imaginé a Alan, solo en la clínica, esperando a que alguien estuviera allí para él; su esposa. Me dolía el corazón pensar que su esposa ponía su trabajo por encima de su bienestar.
—Ale, ¿sigues a