Capítulo 15.

Regresamos a la casa. De vez en cuando cruzábamos miradas de complicidad y sonrisas llenas de maldad, pasamos el resto de la tarde juntos riendo y hablando tonterías. En la mañana nos reunimos temprano en la sala ya que ellos se tenían que ir.

—Espero que no te pierdas tanto —comentó mamá mientras abrazó a mi tía.

—Por supuesto que no, ya verás que pronto volveremos —respondió mi tía.

Se dieron un abrazo más, luego mi tía se despidió de nosotras, para ella seguíamos siendo las niñas de la casa
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