Sophie lo miró y se sintió inquieta por lo mucho que le dolía oír aquello. Dante se marchaba de nuevo, había pasado solo dos semanas desde el compromiso entre Ariana y su hermano. No obstante, y aunque le temblaban las piernas, se quedó dónde estaba, de pie.
–Por supuesto –respondió en tono educado.
–Sabías que me iba a marchar, pronto-
–Si, lo sé.
–Creo que es mejor que nos sentemos para continuar con esta conversación.
–¿Por qué? –inquirió ella, preguntándose si sería capaz de andar sin