—No —gruñó cuando sus ojos atónitos lo interrogaron—. No eso. Y mucho menos así. Yo… quiero hacerte el amor, ¿no lo entiendes? —dijo, sacudiéndola—. Quiero tomarte en mis brazos, besar tus pechos y susurrarte dulces palabras al oído. Quiero… quiero…
Interrumpió su apasionado discurso y simplemente la besó, la besó hasta que ella gimió y se derritió en sus brazos. Cayeron juntos sobre la cama, con las bocas aún unidas, las extremidades entrelazadas, las manos buscando frenéticamente lugares ínti