Kimberly finalmente aminoró el paso y caminó con calma por el pequeño callejón hasta la acera que daba a la entrada del centro comercial. Casi esperaba ver a Asher bloqueándole el paso, resoplando y a punto de llamar a su padre, pero al escudriñar los rostros no lo encontró.
Kimberly se quedó paralizada.
Sus músculos se tensaron, contuvo la respiración.
Si bien esperaba ver al guardaespaldas, no esperaba ver otro rostro que reconociera. De hecho, dos rostros que reconocía.
La pareja que había a