Pero era demasiado orgulloso. Y demasiado ambicioso. Y se sentía atraído por ella. Y tampoco quería que sufriera, al menos no más de lo que ya la habían lastimado esos malditos secuestradores.
Así que no había dicho nada. No había insistido en que otro miembro del equipo se encargara del trabajo. Y no había aceptado otra misión. Y ahora la había dejado sola para que recurriera a su impetuosa amiga en busca de una forma de escapar de él.
El pueblo desapareció tras él. La oscura carretera se exte