—Gracias por todo. No tienes idea de lo que has hecho por mí —dijo Hillary, y Asher asintió.
—Un placer hacer negocios contigo —dijo Asher—. Si necesitas mi ayuda de nuevo, no dudes en llamarme.
Hillary asintió. —Claro que sí —dijo.
Minutos después, Asher se marchó.
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—¡La dejaron escapar, idiotas! —gritó Alex. Tomó una silla y la arrojó contra la pared. La silla se rompió; uno de los pedazos casi le da en un ojo a Chase.
Nadie se movió. Se quedaron mirando al vacío como