La quiero a ella...
Griselda de pronto se ahogó con su propia saliva. No se esperaba esa pregunta.
— ¿Qué te sucede querida? Bebé un poco de agua. — Griselda bebió del líquido, ella recobró el aliento y al fin pudo responder.
— Sebastian ha sido muy amable, quizás a media mañana fué que me dijo que no era tan viejo, que lo llamara por su nombre.
— Ahhh... ¿Y él te tutea a tí? — Ismael hacía las preguntas correctas.
— No, él es muy respetuoso, no deberías de estar pensando mal de él, es un excelente ele