Aún tardamos un mes en irnos a la casa de mi esposo, aunque a mi no me hacía ninguna gracia, pero ya le firme el contrato de sumisa a mi marido y debía cumplir sus órdenes. Mark me llamaba un dia si y otro también diciéndome que faltaba ya poco para que Diana diera a luz y así pudiéramos estar juntos para siempre. Mi esposo y yo llegamos por la tarde a última hora a su casa, recibiendonos de mala gana mi suegra, pero yo le prometí a mi marido que olvidaría rencores.
—- Tomas que alegría que ya