Adriano se quedó reflexionando por unos momentos con dos dedos puestos en el tabique de su nariz y con una mano en la cintura, el aberrante escenario lo sobrepasaba, la sola idea de lo que su esposa había estado sufriendo los últimos meses en manos de la desquiciada de Adela, lo llenaba de furia, habían despertado a un Adriano, de diente de venganza y sangre
— ¡Adriano... Adriano, reacciona! ¿Tienes que decirme que quieres hacer? ¿Vas a ceder a las demandas de Adela y te casarás con ella?
— ¡Po