Casi amanecía, Alejandra, ayudó a su esposo a secarse, pudo ver más detenidamente su marcado cuerpo, le llamaron la atención los tatuajes, algunos eran aterradores, pero le quedaban perfectos todos, le daba un poco de pena secar su parte íntima, pero él mismo le pidió que lo hiciera
— No debes tener pena de tocarme, ya me viste y me sentiste, mi polla es algo con lo que vas a convivir diariamente, algo muy especial tanto para mí, como para ti
— Yo... deja de decir esas cosas, eres muy directo