Nikolay entró a la mansión con la tranquilidad de quien tiene el poder de hacer lo que quiere, su socio y amigo lo recibió con un semblante serio.
— Buenos días Nikolay, estoy muy agradecido de que estés aquí.
—No te preocupes amigo mí, para eso estamos, para apoyarnos.
—Igualmente lo agradezco, pasemos a mi despacho para que podamos hablar tranquilamente—le dijo y el ruso asintió. Cuando se encontraron en el despacho le preguntó— ¿ deseas algo de tomar, un café tal vez?
—No O'Farrell, ya