Una jaula de oro.
Izan la acercó más a él, estrechándola aún más con la finalidad de profundizar el beso, Grace gimió al sentir su tierno cuerpo ser oprimido por aquel cuerpo musculoso, ella recordó porqué se dejó arrastrar fácilmente por él aquella única noche que tuvieron, era un maestro para besar, él la besaba como nunca antes la habían besado.
El beso terminó con ambos agitados y buscando ansiosos controlar la respiración. Izan la miró y sonrió, aquella sonrisa sexy... esa sonrisa endiabladamente sexy.
—B