A casa.

—¡No sé atreva a acercarse!— le advirtió— ¡Solo le daré el niño a la señora Grace!

—Por favor, Izan— Grace lo miró con angustia y dio los pasos que los separaban para interponerse en su camino, lo miró directamente a los ojos, sus bellos ojos color verdes reflejaban una angustia única.— Déjame hacer esto a mi modo, te lo pido. Si sigues presionandola no sabemos de lo que pueda ser capaz a causa del miedo, tiene a nuestro hijo, no juegues xon su vid sy su integridad, porque si algo le pasa a D
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