Me desperté enredada en sábanas que olían a sexo y aire salado, con el brazo de Jax cayendo pesado sobre mi cintura y la pierna de Amber enganchada sobre la mía. La luz del sol se filtraba a través de los ventanales del suelo al techo, proyectando franjas doradas sobre nuestros cuerpos desnudos.
Mi coño me dolía de la mejor manera, un latido sordo que me recordaba cómo Jax me había estirado, cómo la lengua de Amber me había desarmado. Me moví, sintiendo los restos pegajosos de semen seco en mis