Ella se acomodó, colocando un espejo entre sus piernas, y joder, era la perfección pornográfica. Su rajita estaba afeitada y suave, los labios se abrían con cada respiración, ya dilatándose por la presión que aumentaba en su interior.
"Siento que me estoy partiendo", se rió sin aliento, pero sus ojos estaban vidriosos por el dolor. Una contracción la golpeó y se arqueó, con las manos separando sus nalgas para los espectadores.
La coronación comenzó lento, un bulto húmedo presionando hacia afuer