No vacilé esta vez; inclinándome, con la boca haciéndoseme agua, lo tomé profundo, los labios estirándose alrededor del grosor, la lengua presionando plana contra la parte inferior.
"Mmmph... gluck... joder, Papi", gemí alrededor de él, los sonidos amortiguados pero audibles por encima del estruendo. Su mano forzaba mi ritmo, subiéndome y bajándome más rápido, la saliva burbujeando en las comisuras de mi boca. Los luchadores se detuvieron a mitad del asalto, mirando hacia acá, pero nadie detuvo