Los días siguientes fueron muy incomodos para ambos; apenas se podían mirar a la cara. Gregory ya no bajaba por las mañanas temprano y se escondía toda la noche trabajando. La primer noche Adele no le llevó el café, la segunda tampoco y la tercera, menos. A Robert le fascinaba verlos esquivarse. Si conocía bien a su hijo, se estaba muriendo de vergüenza.
- Es tu culpa por traer una mujer -
- No me lo recuerdes, papá -
- Es raro en ti ¿por qué lo hiciste? -
- No lo sé… -
Pero la cuarta noche, cu