A Cecilia le dolía la cabeza, ya no tenía ninguna pista sobre Paula.
Ni siquiera el detective privado que se gastó un alto precio en contratar pudo dar con su paradero.
Cecilia se rascó el pelo irritada.
Dijo Diana: —¿Le has preguntado a Alejandro sobre esto?
—Le pregunté antes y no sabía nada al respecto.
—En ese entonces no tenías ninguna prueba, pero ahora tienes el diario de tu madre.
Cecilia se apoyó la mano en la mejilla y dijo: —Alejandro está ahora detenido, a la espera de juicio, no pue