Un coche negro vino directo hacia Cecilia.
Cecilia estaba hablando por teléfono, y cuando oyó el alboroto y se volvió, ya era demasiado tarde.
El coche estaba tan cerca que las barreras levantadas llegaron a cortarle la piel, y ya era demasiado tarde para esquivarlo.
La vista se encontró con el conductor a través del parabrisas ...
Gritos, choques ...
Todos los sonidos se desvanecieron como un maremoto en ese instante, dejando aquel rostro extraño, que se agrandaba cada vez más ante sus ojos.
De