Su voz llevaba el letargo característico de las primeras horas de la mañana.
Cecilia se sobresaltó al oír su voz y recobró el sentido, girando la cabeza para mirar a su alrededor, y lo que llamó su atención fue la decoración familiar de la habitación.
Se incorporó de la cama, miró rápidamente su propio cuerpo: seguía llevando el conjunto de ayer, un poco arrugado: —¿cómo...?
Cecilia recordó que parecía haberse quedado dormida en el sofá anoche.
—¿Qué hora es? —levantó las sábanas y se levantó de