Bosco miró a Cecilia, pero le ponía los ojos en blanco y se tumbaba de lado dándole la espalda.
Noa ya estaba sentada en su silla, dispuesta a llorar cuando él hizo preguntas, pero vio que los ojos del hombre ni siquiera miraban hacia ella.
—Bosco...—no pudo evitar alzar la voz.
Si hubiera sido antes, se habría marchado, esperando a que aquel hombre la engatusara.
Había pensado mucho en su pasado durante este período de tiempo: cuando Bosco estaba dispuesto a engatusarla, Cecilia estaba allí pre