La cordura tensa del hombre en este momento como si hubiera sido sacudida por alguien con fuerza, agitando su mano tan inestablemente que casi tocó en otro lugar, —Cecilia…
Los ojos de la mujer se posaron en los finos labios del hombre, y lo único en lo que podía pensar era en la idea de besarlos.
Frunció el ceño con fuerza y murmuró: —estoy incómoda, Criz... estoy incómoda.
Su memoria seguía atascada en las palabras que Criz le había susurrado al oído mientras la levantaba de la cama: —Cecilia,