Cecilia no esperaba que Bosco aceptara de repente el divorcio.
Pero también era algo que ella había deseado, ¿no?
Levantó una sonrisa ganadora: —Gracias, señor Borja.
Luego abandonó el lugar que la hacía sentir asco.
Cuando regresó aquella noche, Cecilia metió en el bolso todos los documentos que necesitaría para mañana por la mañana, pero se quedó helada al ver el certificado de matrimonio.
Era el único testigo que podía demostrar que una vez estuvieron juntos.
Le dolía tanto mirando el trozo d