“¿Así que realmente te acostaste con Monte?”.
Había una pizca de furia en los ojos de Chester, como si estuviera mirando la cosa más sucia del mundo. Incluso apretó más su agarre.
A Eliza le dolía tanto la barbilla que parecía que se iba a romper, y no contuvo las lágrimas que cayeron por la cara.
Se veía asquerosa con sus lágrimas mezcladas con el polvo.
Chester la soltó y tomó un pañuelo de papel para limpiarse la mano sucia. Después de eso, le arrojó el papel con mal humor. “Eliza, eres j