Freya frunció las cejas. Antes no le gustaba comer pepinillos e incluso se preguntaba por qué tanta gente disfrutaba comer una comida tan asquerosa. Sin embargo, se dio cuenta de que este mes se había vuelto adicta a ellos.
Solo en ese momento se dio cuenta de que su embarazo era la razón de ello.
“Te equivocas. Solo me empezaron a gustar los pepinillos cuando quedé embarazada. Es el bebé el que quiere comerlos”, contestó de manera creída.
“A mi bebé no le gustará comer una comida tan asquero