Anna cayó de rodillas, sintiéndose completamente débil y dolorida por todo el cuerpo. Y, sin embargo, sabía que esto estaba lejos de terminar.
Un tazón negro de gran tamaño que contenía un líquido gris de mal olor apareció ante ella en el suelo. Estaba lleno casi hasta el borde, y la sola vista le causó aún más repulsión.
¿Ella... tenía que beber eso?
De todo lo que la habían obligado a ingerir hasta ahora, esto era lo peor de todo. No necesitaba probarlo para saberlo.
—Termínalo —ordenó Vilfre