Anna lo había encontrado en una de las habitaciones antes de que transcurrieran los diez minutos. Qué suerte.
A sus órdenes, ella se montó obedientemente sobre la polla de Vilfred mientras él permanecía sentado en el sofá. Le había llevado un buen rato de suplicas y persuasión antes de que él aceptara que ella hiciera buen uso de su pene.
Y tuvo que agarrarse de sus hombros mientras lo cabalgaba, intentando mantener la cara seria que él le había pedido que conservara hasta que se corriera.
Con