El miedo de Delfina persistía y no podía apartar la mirada del brillo malintencionado de aquella serpiente. La mirada fija e ininterrumpida de la criatura parecía atravesarla hasta lo más profundo de su alma. Su mente se llenó de pensamientos sobre el suave tacto y la cálida sonrisa de su madre, que en ese momento se sentían como un recuerdo lejano y una ilusión. Sintió que los ojos le ardían mientras las lágrimas comenzaban a brotar, pero seguía siendo incapaz de romper la mirada fascinante de