—Niña, ¿quién eres tú? —preguntó la joven.
El corazón de Delfina, oprimido por la ansiedad, latía desbocado en su pecho, como si quisiera escaparse de su cuerpo. Estar flanqueada por un hombre serpiente y un hombre tigre... ¡Vaya destino tan fantástico el suyo!
—No me hagas repetirlo. —El tono de advertencia de aquella mujer era algo imposible de ignorar.
Delfina giró lentamente la cabeza y vio a una joven de afilados ojos verde esmeralda y una melena dorada como la seda que le llegaba a la cin