40. Eres mía

Malcom

Mi voz ya no se escucha tan calmada y pausada como quiero, pero a estás alturas es imposible conseguirlo.

Ella intenta alejar la mirada de mi, pero yo sostengo su rostro entre mis manos y hago que sus ojos impacten con los míos.

—Nada de lo que haya pasado es tu culpa— le digo y me mata, en realidad me mata ver cómo sus ojos se enrojecen— Yo estoy aquí para ti, pequeña. Para escucharte, para apoyarte y para ser y hacer todo lo que tu quieras.

Ella toma un respiro profundo y cierra los oj
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