Capitulo X

La mañana llega rápidamente, Elvira y Susana no me dejaron ir a un hotel la noche anterior. Por el contrario, la dueña de casa insistió en que me aloje con ella, como lo hacía su amiga.

Su familia es amorosa, todos me recibieron con amabilidad, su esposo Alberto, Jacinta su madre quien era la antigua dueña del restaurant, incluso sus hijos Fernando y Daniel.

Una vez lista y decente, bajo hasta a la cocina donde me espera un banquete delicioso, mate caliente, pan y mermelada casera. Desayunamos todos juntos, luego nos marchamos.

Recorremos lentamente el pequeño pueblo de Arroyo Frío, a medida que lo transitamos, Elvira comienza a relatarme diferentes historias. Todas las mujeres que de una forma u otra terminaron en Brazos Vacíos.

—Aquí fue la última vez que vieron a Sandra Arias, una jovencita de veinte años, trabajaba allí —dice señaland

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