Stella Blake
Desperté con el lado de la cama vacío.
No era ninguna novedad. Últimamente, habíamos creado un ritual silencioso: algunas noches él venía a mi habitación, otras yo iba a la suya. Dormíamos en cuchara, sin malicia, solo abrazados. Yo apoyaba la espalda en su pecho, él hundía el rostro en mi cabello, y el mundo parecía más pequeño. Más llevadero.
Pero hoy su lugar estaba frío. Debía haberse levantado hace un rato.
Cogí su camisa — la de lino azul oscuro, la misma del almuerzo en la m