23. Todos los hombres son iguales
[Ximena Carbajal]
—Señorita Ximena, buenas tardes, pase, enseguida le aviso al joven León que está aquí —me dice la ama de llaves de la casa del tío Eugenio. Sonrío.
—No te preocupes María, en realidad he venido a visitar a Samuel —le respondo con una sonrisa pícara.
Apenas pasa un instante y él aparece frente a nosotras.
—¡Güerita de fuego! Perdón Ximena, pensé que no vendrías —exclama Samuel con emoción al mismo tiempo que me da un beso en la mejilla mientras María se retira hacía el interior