92. Ardiente cubículo.
~Rowan~
Estaba perdiendo el juicio. Los celos me quemaban por dentro al imaginarla desfilando por la calle con ese vestido; la sola idea de que otros hombres devoraran con la mirada lo que era mío me ponía enfermo. Si por mí fuera, la metería en un frasco de cristal y me la guardaría en el bolsillo para que nadie más pudiera tocarla ni contemplarla. Ivette me estaba desquiciando de una forma descomunal.
—Suéltame, por favor —pidió ella con un hilo de voz.
—No te voy a soltar —le gruñí, restre