Las luces de las luminarias de las calles empiezan a encenderse cuando la mujer por fin termina su extenuante labor.
Con el dorso de su mano ella seca el sudor de su frente mientras exhala agotada, pero aliviada de que por fin terminó de limpiar las ventanas de la planta baja de la casa, además que terminó de remendar y colgar las cortinas.
En silencio cierra la escalera, la cual de nuevo se resiste, pero al final cede pues la mujer usa toda su fuerza para cerrarla pero en el proceso se lastima