—¿Estás lista? —le preguntó él en voz baja unas horas más tarde. Ambos estaban en su enorme estudio donde había preparado el ordenador y la cámara para la videoconferencia. Nada de una simple webcam y pantalla de ordenador para Sandro: tenía una cámara de vídeo adecuada con una gran pantalla de televisión configurada. Le explicó que eso permitiría a su familia verlos a los dos al mismo tiempo, añadiendo que sus padres tenían una configuración similar en su casa.
—Tan lista como podré estar, sup