CAPÍTULO 50: La vida sencilla.
Evelyn.
El mundo estaba completamente silencioso aquí, salvo por el susurro rítmico y tranquilizador del viento moviéndose entre los pinos.
Estaba sentada en el borde del porche de madera desgastada, con una taza de café negro entre las manos. El aire matutino en Oakhaven —un pequeño y somnoliento pueblo de montaña escondido muy lejos de las fronteras de Nueva York— era fresco y mordazmente limpio.
No olía a escape, asfalto caliente ni colonia cara. Solo olía a tierra húmeda y pino.
Habían pasa