Liam.
Estaba sentado en mi escritorio, con la mano pálida mientras apretaba el brazo de mi silla. En mi monitor, un video se reproducía en bucle. Ya lo había visto tres veces y cada vez mi mandíbula se tensaba hasta que me dolían los dientes.
Esto no era solo acoso. Era la naturaleza calculada y salvaje de lo ocurrido. Ver a Sarah y las demás acorralando a Evelyn en la sala de descanso, ver cómo le rasgaban la ropa mientras ella buscaba ayuda que nunca llegó, hizo que una rabia fría y afilada s