Wei estaba en una instalación federal de detención.
No una prisión. No una celda. Una sala de conferencias segura con guardias afuera.
Maya, Marcus y Cross entraron para el interrogatorio.
Wei estaba sentada en una mesa. Se veía más delgada. Más vieja. Pero sus ojos seguían siendo agudos.
"Hola", dijo Wei. "Me alegra que hayan salido con vida."
"Nos enviaste a una trampa", dijo Maya.
"Los envié a salvar a su hijo", dijo Wei. "Y lo hicieron. Eso no fue una trampa. Fue un rescate."
Miró a Cross.