Las luces del hospital eran demasiado brillantes.
Nan estuvo en cirugía durante dos horas. La bala había pasado a centímetros de su corazón.
Maya estaba sentada en la sala de espera. Sola.
Marcus apareció en la puerta con Leo.
No dijo nada. Solo se sentó a su lado.
Leo subió a su regazo. Sus pequeñas manos se aferraron a su camisa.
“¿Estás bien?” firmó.
Maya asintió.
“Mamá está bien.”
El niño no parecía convencido.
Un doctor salió.
“Está estable,” dijo. “La bala no afectó ningún órgano vital. S