Maya miró a Marcus. Las palabras la golpearon como una bofetada.
“Bella está muerta,” dijo de nuevo. “Cuchillo en su pecho. La cámara captó todo.”
Maya sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Dio un paso atrás hasta que su espalda chocó con la pared fría de la celda.
“¿La persona en la cámara…?” susurró. “¿Se parecía exactamente a mí?”
Marcus asintió. Su rostro estaba pálido. “La misma altura. El mismo vestido. La misma cicatriz en la mejilla. Es una incriminación perfecta.”
Las rodi