Giancarlo se había adentrado al interior del bosque junto a Rosseti, para poner a prueba las prácticas que este le había inculcado en el pasar del tiempo, pese a su estrés, Gian insistió que era buena idea enseñarle defensa personal y manejo de armas de fuego para evitar ser una víctima ante cualquier atacante que pudiera perjudicar su vida. Eran las diez de la mañana de un día hermoso, los pájaros cantaban y el sol arropaba todo el inmenso bosque que los rodeaba, por lo que parecía ser un exce