Los pasos continuaban resonando por el pasillo.
Un paso.
Luego otro.
Lentos. Regulares.
Pero se acercaban lo suficiente como para hacer que la tensión en la habitación aumentara.
Ben levantó inmediatamente su arma y se colocó delante de Stephanelle.
—Quédense detrás de mí.
Sus nueve hermanos no necesitaron más explicaciones.
En cuestión de segundos, rodearon a Stephanelle y a George, con las armas listas para disparar. Nadie hablaba. Hasta las respiraciones parecían contenidas.
Stephanelle sint