La luz de las velas proyectaba un cálido resplandor sobre el rostro de Cherie. Ella se quedó mirando el pastel y dijo: “No tengo ningún deseo que pedir”.
Boyle apoyó el brazo en la silla en la que estaba sentada Cherie. Sus labios estaban a solo unos centímetros de distancia, y su gesto íntimo la hacía parecer como si estuviera acostada en su abrazo.
“¿Cómo es posible que no tengas ningún deseo?”, preguntó él mientras la miraba atentamente.
Cherie giró la cabeza hacia él. “Desearía que te man