Desde joven, siempre que Cherie se tropezaba y tenía un rasguño, sus padres y su abuelo le soplaban las heridas para aliviar su dolor.
Ella parecía agradarle a todo el mundo, menos a Boyle. Sintió que él le estaba dando un trato injusto, cuanto más pensaba en ello.
Cuando Boyle vio sus ojos enrojecidos, él pensó que ella estaba a punto de gritar de dolor. Rápidamente él la abrazó y bajó la cabeza para soplar suavemente su frente. "¿Aún te duele?".
"Bésame la frente". La niña se aferró a sus