Mientras el Spyker negro aceleraba en la carretera, Heaton Fudd, que estaba en el coche, parecía helado e intenso.
Las palabras de Yanni Quain por teléfono todavía resonaban en sus oídos—
“Heaton Fudd, te perdono. Sam Joyce no está muerta, ¡todavía está viva!”
Esas palabras seguían repitiéndose en su mente.
Heaton Fudd no pudo evitar acelerar aún más el vehículo.
Su muerte había sido una carga de dolor durante muchos años. Si Sam Joyce no estaba muerta, le debía una disculpa.
Su memo