Capítulo 34
POV DE ROOSEVELT
A la mañana siguiente, entré al vestíbulo de la empresa con la cabeza en alto.
Llevaba una falda lápiz negra y una blusa roja. Mis tacones resonaban con fuerza contra el suelo.
Pero por dentro, tenía el estómago hecho un nudo.
Bajé del ascensor en el último piso. Mi asistente, una dulce chica italiana llamada Bianca, se levantó de golpe de su escritorio en cuanto me vio. Parecía alterada, aferrando una pila de archivos contra el pecho.
—Buenos días, Bianca —dije con