Como un hombre que siempre tuvo la vida resuelta a su manera, Hector no sabía exactamente cómo lidiar con las nuevas adversidades que surgían de repente. Entonces, hizo lo que mejor sabía hacer: ignorar. No por frialdad, sino por pura autopreservación. Fingir que todo estaba bien era más fácil que enfrentar de frente lo que dolía.
La respiración de ambos desacelerándose, mientras están acostados en el sofá de su despacho, es el único sonido del ambiente.
Él está acostado de lado, con el brazo a